Sombras ante la escasez de turistas rurales extranjeros

En el Año Internacional del Turismo Sostenible, el turismo rural se enfrenta a dinámicas que, a pesar de la remontada en ocupación en fechas clave, siguen complicando su horizonte futuro como la estacionalidad, la ilegalidad de alojamientos, la falta de dedicación profesional completa y un factor que se eleva por encima de muchos otros: la escasez de clientes extranjeros ante la falta de promoción fuera de nuestras fronteras. No hay que olvidar que esta industria turística es estratégica para la dinamización económica de núcleos rurales y la generación de empleo y autoempleo. De los 3,6 millones del total de turistas rurales de 2016, solo el 18% residía en el extranjero, según el INE.

Esa falta de promoción del visitante foráneo es una de las principales conclusiones obtenidas por el Observatorio del Turismo Rural (OTR), impulsado por empresas y universidades expertas en la materia, que aborda entre sus distintos temas un informe sobre los problemas del sector desde el ángulo de los propietarios de alojamientos rurales españoles (más de 15.000 consultados). Sin duda, la escasa presencia de turistas rurales internacionales es un factor que atenaza el crecimiento del sector en una potencia mundial turística que en 2016 recibió 75 millones de extranjeros y con un rico patrimonio artístico, cultural, natural y social. Es evidente que prefieren playa y grandes ciudades, una oferta más madura. De esos 75 millones, solo 658.000, el 0,87%, se alojaron en establecimientos rurales. De hecho, en los dos últimos años, solo el 6,8% de los propietarios rurales destacan en el OTR la procedencia internacional de sus visitantes. Por lógica, el top 5 de países de origen pertenecen mayoritariamente al entorno europeo: Francia (42%), Alemania (22%), Inglaterra (17%), Holanda (11%) y EE UU (2%).

La pregunta principal es qué factores motivan esta situación. Y la principal conclusión es la ya mencionada falta de promoción para atraer clientes extranjeros. En un contexto de consumo tradicionalmente interno, los efectos de la crisis desembocaron en una caída de la demanda, que buscaba en el cliente de otros países un flotador para sobrevivir. El turismo rural afronta, por tanto, el reto de atraer a esos viajeros internacionales, y para conseguirlo, los encuestados citan dos soluciones clave: una mayor inversión de la Administración para atraer al entorno rural a ese tipo de turista y una mayor preparación para captarle de forma adecuada. En definitiva, cantidad y calidad en inversión y en formación.

En 2013, Turespaña aprobó un Plan de Promoción Exterior del Turismo Rural que se vio continuado en 2014 como Plan Integral de Turismo Rural, intensificando campañas de promoción en Reino Unido, Alemania y Francia, tres idiomas que las casas rurales en España no dominan. Hoy, aunque ha mejorado el escenario con la llegada en 2016 de 108.000 visitantes más que en 2015 (un 19,5% más), no hay sustanciales diferencias respecto a la ultradependencia del mercado interno. El reto pasa por posicionar a España como referencia en nichos asociados al turismo rural: naturaleza y cultura. Para afrontar ese desafío es imprescindible superar la escasa profesionalización de los gestores de alojamientos y la formación en gestión digital (marketing, gestión web, de redes sociales…) y, más importante aún, en idiomas.

Las soluciones para el bajo conocimiento de idiomas pasan, según los propietarios, en primer lugar, por una mayor inversión pública en formación, pero de forma mayoritaria se inclinan por una mayor conciencia del empresario respecto a su importancia. Este último dato es especialmente destacable. Solo cinco comunidades autónomas podrían atender en inglés en más del 50% de sus alojamientos rurales: Islas Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Canarias y Madrid. La media en España de alojamientos rurales que hablan inglés no alcanza el 45%. Y ya no hablemos de la barrera lingüística del francés (26%) o alemán (5,5%).

En el sector del turismo rural, la colaboración público-privada es esencial… si el empresario se implica. Pensar por parte del propietario que debe haber una actitud paternalista por la Administración es un flaco favor al sector a largo plazo. Lo acertado es considerar esa relación desde una filosofía de trabajo que ceda la iniciativa al empresariado para que, una vez lleguen las propuestas, se analice y valore su viabilidad.

En la última edición de Coetur (Congreso Europeo de Turismo Rural) se alcanzaron algunas conclusiones sobre la colaboración público-privada en el sector. Una fue que la actividad turística es algo privado, pero que el destino sí es responsabilidad de la Administración, que debe gestionarlo usando estrategias de planificación coherentes. Hay que añadir que todos los agentes turísticos de un territorio son también embajadores de ese destino y si la parte pública hace bien su trabajo, la oferta privada debe alinearse para no decepcionar en el visitante. Por ejemplo, un destino bien promocionado, pero donde el comercio y los servicios no están dimensionados ni adaptados en horarios y servicios a la demanda produce un efecto opuesto al deseado.

Otra de las reflexiones más interesantes se concretó en algunos requisitos para que la colaboración público-privada llegue a buen puerto: los proyectos no funcionan cuando no se fijan objetivos a corto plazo. Asimismo, sin dotación económica también están abocados al fracaso. Estos dos puntos son el claro exponente de las nuevas formas de colaboración hacia las que debemos orientarnos.

Es necesaria iniciativa privada, profesionalización, formación por el propietario y un destino bien promocionado por las Administraciones. Hoy esta economía rural basada en el turismo, aunque experimenta avances, tiene mucho por hacer para beneficiarse del auge turístico español en los mercados internacionales.

Gus Bertolo es socio fundador de EscapadaRural.com.

Sección Empresas | Cinco Días

Autor: Txema Dobarro

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