El retiro de los abogados, ¿mutualistas o autónomos?

El dicho popular que mantiene que en casa del herrero, cuchillo de palo, rige también en la abogacía, profesionales expertos en asesorar a sus clientes pero, quizá, más laxos en cuidar de sus propios intereses. Como reconoce el recientemente elegido presidente de la Mutualidad de la Abogacía, Enrique Sanz Fernández-Lomana, “los abogados tardan en jubilarse porque, frecuentemente, no han tenido la precaución de asegurar convenientemente su futuro”.

A diferencia de otros profesionales, son diversas las opciones que los abogados pueden escoger para, concluida su vida laboral, poder garantizar sus ingresos. En general, los profesionales que desarrollan su actividad de forma independiente se inscriben en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos de la Seguridad Social (RETA), pero en el caso de los abogados –y otras profesiones colegiadas– existe una alternativa que son las mutualidades: la Mutualidad de la Abogacía que es la de mayor volumen de negocio –maneja, según sus datos, 5.600 millones de euros de ahorros y unos activos con valor de mercado de 7.219 millones de euros– e implantación territorial, formada por más de 192.000 mutualistas, y Altermutua, que con 175 años de historia y operando desde 2009 en el conjunto del Estado, tiene una especial implantación en Cataluña, contando con 25.000 asegurados.

Las mutualidades son asociaciones sin ánimo de lucro, cuyos miembros aportan una cuota periódica con la que se financian prestaciones, particularmente, sustituir las coberturas que ofrece la Seguridad Social a los autónomos, como son la jubilación o la incapacidad laboral transitoria.

Para los que se incorporan al ejercicio profesional de la abogacía, acogerse al RETA o a una mutualidad es una decisión trascendente que requiere, al menos, una valoración fundamentada, ya que las normas de la Seguridad Social establecen que quienes se incorporen al régimen de autónomos perderán su derecho a acogerse al sistema mutualista en un momento posterior. Una decisión sin vuelta atrás, aunque sí podrán suscribirse a las mutualidades como sistema complementario o de ahorro.

Siendo de esta importancia la cuestión, ¿cómo elegir que es lo más conveniente? Evidentemente no hay soluciones generales, máxime en tiempos de evolución y cambio como los presentes, pero una primera recomendación es, sin duda, comparar coberturas y prestaciones. Las entidades mutualistas ofrecen altos grados de solvencia y coberturas que no están incluidas en la Seguridad Social.

Así, la Mutualidad de la Abogacía permite compatibilizar la percepción de la pensión con el mantenimiento del ejercicio profesional: el Tribunal Supremo estableció que no se puede percibir pensión de jubilación en el RETA y mantenerse en el ejercicio profesional de la abogacía. Por su parte, Altermutua ofrece subsidiar en la incapacidad transitoria el cuidado de los hijos menores afectados por cáncer o enfermedad grave y otras prestaciones, inhabituales en sistemas alternativos, como la posibilidad de acceder a la “media baja” en procesos de convalecencia o rehabilitación, fórmula que se adapta a las específicas particularidades del ejercicio de la abogacía.

En todo caso, lo que sí es un elemento diferenciador del sistema mutualista es su nivel de solvencia en relación las exigencias del regulador, concretamente el 245% en el caso de Altermutua y el 269% en el de la Mutualidad. También en la rentabilidad están muy lejos de los índices que, actualmente, ofrecen la mayoría de los planes de previsión privados. Según la información aportada por el Ministerio de Economía y Competitividad, la rentabilidad media ponderada de los planes de pensiones del sistema individual en 2015 fue del 1,22%, mientras que en el caso de la Mutualidad de la Abogacía, en el mismo periodo la rentabilidad ofrecida fue del 5,20%.

Las mutualidades ofrecen la posibilidad, a los ya incorporados como autónomos al sistema de la Seguridad Social, de inscribirse en planes complementarios que mejoren sus prestaciones a la hora de su jubilación.

Sección Economía | Cinco Días

Autónomos: así queda el IRPF y los pagos a cuenta en 2017

Las retenciones del IRPF son pagos adelantados del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, que grava los beneficios económicos que el contribuyente ha obtenido durante el año. Los trabajadores autónomos tienen la obligación de ingresar estas retenciones trimestralmente, a través del modelo 111, si se trata de un profesional, o del modelo 130 para los autónomos no profesionales.

Según explica el despacho Pro Quo Abogados, los autónomos profesionales, por ejemplo, los médicos, abogados o arquitectos, tendrán que aplicar una retención del 15% en todas las facturas que emitan. En cambio, los autónomos no profesionales, como pueden ser los fontaneros, los mecánicos o los propietarios de un bar, tendrán que presentar pagos fraccionados de IRPF cada trimestre y realizar un pago a cuenta del 20% de los beneficios que hayan obtenido trimestralmente y de forma acumulada.

Por tanto, los autónomos no profesionales tendrán que calcular los ingresos y los gastos del primer trimestre y del beneficio resultante hallar el 20%, que será lo que tendrán que ingresar a Hacienda como pago a cuenta. En el segundo trimestre habrá que calcular los ingresos y los gastos de ambos trimestres y aplicar un 20% al beneficio resultante. Y así sucesivamente hasta el cuarto trimestre. De esta forma, a final de año se habrán realizado una serie de pagos a cuenta de IRPF, siempre que en alguno de los trimestres se hayan obtenido beneficios.

Con la presentación de la declaración de la renta anual, la situación se regulariza y en caso de haber pagado más retenciones de las que corresponde, Hacienda devolverá la parte correspondiente. Aunque el periodo impositivo del IRPF es el año natural, el impuesto hay que liquidarlo durante los primeros seis meses del año siguiente, es decir, como máximo el 30 de junio.

Las fechas de presentación de los pagos a cuenta son los días 20 del mes siguiente a la finalización de cada trimestre, es decir, el 20 de abril para el primer trimestre, el 20 de julio para el segundo, el 20 de octubre para el tercero y el 20 de enero del año siguiente para el cuarto.

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La cuota de autónomos tras los últimos cambios

Los autónomos han experimentado cambios en torno a las cuotas que han de pagar a la Seguridad Social. En lo que respecta a las bases mínimas de cotización, se mantienen en los 893,10 euros mensuales, mientras que la máxima asciende a los 3.751,2 euros. Esto significa que, de momento, y para un autónomo medio que cotice por la mínima, tendrá que pagar en torno a los 267 euros mensuales, si no está acogido a tarifa plana u otras bonificaciones de la Seguridad Social aplicables al año 2017.

También se mantienen los los tipos de cotización por contingencias comunes (29,8%), y por contingencias profesionales o protección por cese de actividad, (29,3%).

  • Por tanto, un autónomo que añada el cese de actividad a sus prestaciones pagará unos 282 euros cada mes.
  • Si sólo añade las contingencias profesionales pagará en torno a los 271 euros.
  • Si decide incluir todas las coberturas posibles pagará sobre 291 euros / mes.

Insistir en que este es un cálculo aproximado para un tipo medio de trabajador por cuenta propia. Estas cuantías pueden variar ligeramente en función de la actividad concreta de dicho profesional. Pero sirven para entender, y hacernos una idea, de lo que se pagará tras la última actualización del BOE, que de momento mantiene las mínimas en valores iguales.

Las máximas, sin embargo, sí ascienden. Mientras que un autónomo en máxima pagaba el año pasado en torno a los 1.088 euros en contingencias comunes, ahora tendrá que abonar mensualmente 1.121 euros, aproximadamente.

Otras limitaciones a las bases de cotización

Para los menores de 47 años, la base de cotización será la que ellos elijan, dentro de tales parámetros. Sin embargo, quienes hayan cumplido esa edad, y contaran con una base de cotización inferior a 1.964 euros, no podrán cotizar una cantidad mayor a esa, salvo que realicen los cambios antes del 30 de junio de este año.

Por tanto, los autónomos que hayan cumplido 48 años o más desarrollarán una base de cotización que oscilará entre los 963 y los 1964.70 euros, salvo que se trate del cónyuge del titular del negocio que, como consecuencia del fallecimiento de este, haya tenido que ponerse al frente del mismo y se haya dado de alta en el RETA con 45 o más años.

Existe un tercer tipo de cotización, que afectaría a los autónomos que, a su vez, hayan actuado como asalariados. Para estos casos, si se ha cotización al RETA (Autónomos) por una cuantía igual o superior a 12.368,23 euros durante 2016, tendrá derecho a la devolución del 50% del exceso en que sus cotizaciones ingresadas superen dicha cuantía. la base de cotización por la que se podrá optar en concepto de pluriactividad con jornada laboral a tiempo completo, o superior al 50%, será de entre 446,7 euros y 759 euros.

Un último caso afecta a los trabajadores por cuenta propia que hayan tenido contratados más de diez empleados. Su base mínima de cotización queda fijada en 1.152,9 euros

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