Vodafone, BT y Glaxo, nuevas vetas de rentabilidad en deuda

Los inversores en renta fija van a encontrar una nueva veta de rentabilidad en la deuda británica corporativa. El Banco de Inglaterra anunció la semana pasada un plan de compras de bonos privados británicos por 10.000 millones de libras (11.800 millones de euros) que se sumarán a los 60.000 millones de libras de adquisiciones en bonos soberanos. Estas compras van a alimentar por tanto el rally de precios de la deuda de Reino Unido en los próximos meses, como ya sucede con la deuda de la zona euro gracias al BCE.

El programa de compra de bonos privados es una de las balas con las que la institución que dirige Marck Carney intentará combatir el gran impacto del brexit en la economía británica y una de las medidas más inesperadas, frente a la unanimidad de los inversores en su apuesta por un recorte de tipos al 0,25%, como así fue. El Banco de Inglaterra reconoce en un comunicado que el propósito de estas compras es abaratar el coste de financiación de las compañías, favorecer el equilibrio de sus balances y estimular las nuevas emisiones de bonos corporativos. ¿Qué compañías van a ser entonces las que adquiera? El Banco de Inglaterra no lo ha precisado aún.

Publicará una lista a principios de septiembre y comenzará las compras a mediados de ese mes. Pero sí ha dado indicaciones de qué requisitos deben cumplir las emisiones de deuda privada para pasar al balance de la institución, pistas que han bastado para poner ya a un puñado de compañías en el disparadero de los inversores. Las compañías candidatas a que el Banco de Inglaterra compre sus bonos son Vodafone, British Telecom, Glaxo, Shell, Sky, BA Tobacco o Rolls Royce. Son las que tienen el perfil de lo que busca el Banco de Inglaterra: calificación crediticia de grado de inversión, con emisiones sénior –no subordinada ni deuda perpetua-, con un volumen mínimo de 100 millones de libras, que venzan como pronto en el plazo de doce meses, se hayan emitido al menos hace un mes y que estén listadas en algún mercado cotizado de la Unión Europea.

  • Bancos y aseguradoras al margen

Las compras excluyen al sector bancario y asegurador y se centrarán en compañías que “hagan una contribución material a la actividad económica de Reino Unido”, preferiblemente con un negocio generado principalmente en el país, según explica el Banco de Inglaterra, que evitará concentrar sus compras en un sector o una compañía concretos y que irá actualizando la lista de bonos adquiribles.

Con este punto de partida, la cotización de los bonos de Vodafone ya han anticipado que serán objetivo del Banco de Inglaterra. La emisión por 800 millones de libras con vencimiento en agosto de 2049 y cupón anual del 3,375% disparó su precio casi el 10% el pasado jueves, día del anuncio de las medidas del Banco de Inglaterra. Fue uno de los repuntes más significativos, al que siguió el de otra emisión de British Telecom. Su emisión de bonos por 600 millones de libras con vencimiento en diciembre de 2028 elevó su precio ese día el 3,3%, en un activo que ya cotiza un 40% sobre su valor nominal. Una subida similar registró el bono de Glaxo SmithKline con vencimiento en diciembre de 2027.

Todas ellas son compañías con grado de inversión, con un rating como mínimo de BBB-. “Son todos ellos son bonos muy líquidos, con un volumen muy por encima de los 100 millones de libras”, explica Sofía Antón, analista de Auriga Bonos, plataforma en la que la deuda corporativa, también la británica, está al acceso del pequeño inversor.

El Banco de Inglaterra calcula que el universo de bonos corporativos que puede adquirir en el mercado es de 150.000 millones de libras (176.700 millones de euros), correspondiente a alrededor de 150 emisores. Citi rebaja en su análisis considerablemente la cifra, ajustándolo al máximo a los criterios de selección conocidos ahora, a alrededor de 55.000 millones de libras.

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Deuda del 60% en 2028 es posible

España está a punto de traspasar el umbral del 100% del PIB en su deuda pública como consecuencia de los déficits acumulados en los años de crisis. Lo traspasará en 2015, aunque se ha comprometido a reducirla hasta el 60% del PIB en el año 2020, algo que parece bastante complicado. Imposible. Pero una combinación adecuada de políticas fiscales y de crecimiento, en determinados escenarios de financiación en los mercados internacionales de deuda, hacen posible llegar a tal objetivo del 60% del PIB en el decenio siguiente, antes incluso de 2030. Una simulación técnicamente bien construida, en la que se movilizan hasta ocho variables macroeconómicas, detalla cómo deberían comportarse en los próximos años para tener la deuda pública en el 60% del PIB en el año 2028. Luego, imposible no es.

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La deuda privada seduce a los inversores extranjeros

Se han cumplido dos años desde que el BCE anunció la batería de medidas de estímulo monetario encaminadas a evitar la deflación y recuperar los precios. A partir del próximo abril, Mario Draghi reducirá en 20.000 millones el importe de compra de activos. En un entorno como el actual, en el que las rentabilidades de la deuda de la zona euro están próximas a los mínimos históricos, son muchos los que especulan con el proceso de normalización monetaria y el efecto que tendrá en los mercados y la economía. Sin embargo, todavía el banquero italiano no ha desvelado sus próximas actuaciones. En un desayuno organizado por CincoDías con la colaboración de Axesor bajo el título de El mercado de la renta fija, expectativas y alternativas, los expertos analizan las oportunidades y los riesgos a los que se enfrentan inversores y emisores en los próximos meses.

“Los tipos de interés se han acondicionado al escenario de política monetaria del BCE ,lo que ha originado la incertidumbre de cuándo empezarán a subir. De una forma u otra, este escenario ha ayudado a los gobiernos y a las grandes empresas”, afirma Javier Ferrer, director de tipos de interés y FX, de Ahorro Corporación. El experto considera que habrá que esperar al resultado de las elecciones francesas para saber cuál será el próximo movimiento del banquero central.

“Entraremos en una nueva dinámica de tipos de interés más altos”, apunta. Ferrer cree que sería lógico ver al bono español a 10 años en el entorno del 3% al 4%, niveles previos a la crisis. “Cuando la gente pierda un poco el miedo de la evolución de la renta fija, muchos inversores volverán otra vez a entrar en la actividad”, aclara el experto de Ahorro Corporación. Eso sí, considera primordial que las rentabilidades reportadas sean más atractivas y que aumente la transparencia “para todos los inversores, no solo los mayoristas”.

Uno de los lemas que más se repiten en los últimos tiempos es que la renta fija está inmersa en una burbuja. “Cuando ves al bono español pagando un 1,7% y al estadounidense un 2,6%, claramente se deduce que hay una inflación de activos, especialmente en la parte de grado de inversión [a partir de BBB- según la nomenclatura de Standard & Poor’s y Fitch, y de Baa3 en la de Moody’s] que es donde actúa el BCE”, indica Adolfo Estévez, director de Axesor Rating. “Pensamos que el proceso de normalización va a ser gradual”, subraya.

Nadie duda de que las medidas ultralaxas de Mario Draghi han aportado estabilidad a los mercados financieros. Lo que sí se pone en cuestión es si ha conseguido su objetivo principal: recuperar los precios. María Jesús Fernández, economista senior de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), coincide con el banquero central al señalar que los incrementos actuales de la inflación obedecen a los aumentos en el precio del crudo. “En ese sentido las iniciativas han resultado un fracaso”, resalta.

El gran logro, para muchos, del actual contexto que vive la renta fija es la diversificación de las fuentes de financiación. La política monetaria que existe en la zona euro ha permitido a las compañías salirse del entorno bancario: “Antes se financiaban exclusivamente a través de la banca, pero ahora salen al mercado de títulos y todo ello a unos costes muy inferiores”, defiende Julio Alcántara, director general de la plataforma de renta fija privada de BME, AIAF.

Los datos corroboran este cambio de tendencia. Las cifra, aunque todavía modestas, son catalogadas por los expertos como un cambio estructural. “Hay datos que no engañan. Si en 2007 había menos de 10 emisores corporativos, ahora ese número ronda la centena”, añade Ricardo Benedé, director de originación de renta fija en Beka Finance.

Aunque se ha avanzado en el terreno de la financiación vía bonos, todavía queda un largo recorrido. Según datos aportados por María Jesús Fernández, a cierre de 2015 el 2% de la financiación de las sociedades no financieras corría a cargo de las emisiones de deuda, una cantidad que, pese a que ha subido, todavía está lejos de la media de la zona euro, que alcanza el 12%.

“Tormenta perfecta” es como califica Jokin Cantera, jefe de la división de mercado de capitales de la consultora PKF lo acontecido durante los años de crisis. Un periodo caracterizado, en el caso de las pequeñas y medianas empresas, por la diversificación de sus clientes y la reestructuración de los balances, según Javier García-Palencia, jefe del mercado de capitales de Alantra (la antigua N+1). “Superada esta etapa, ahora las compañías buscan crecer. La cuestión es cómo hacerlo”, avisa.

Las compañías estudian salir al mercado, cuando que hace años ni se planteaban porque no les resultaba accesible. Sin embargo, ahora cuentan con un aliciente añadido: el apetito que despiertan entre los inversores extranjeros. “En 2015, cuando iba a Londres, París y Fráncfort, las grandes aseguradoras y los fondos de deuda me aseguraban que empezaban a mirar hacia España, pero no compraban”, aclara García-Palencia. “A día de hoy, en operaciones de 140 millones de euros es posible encontrar participaciones extranjeras de 20 millones por parte de inversores extranjeros que años atrás se mantenían al margen”, sentencia.

Ricardo Benedé reafirma esta idea y expone que en las dos últimas colocaciones realizadas por Beka Finance hasta el 90% ha ido a parar a manos de inversores foráneos. En este apetito por los activos españoles ha jugado un papel destacado la estabilidad de España y la rentabilidad adicional que ofrece la deuda nacional para un riesgo controlado. “La rentabilidad que pueden obtener los fondos extranjeros en España, para el mismo riesgo, es una ventaja competitiva”, subraya Benedé.

Entre las posibilidades que ofrece el mercado de deuda para pequeñas y medianas empresas, el Mercado Alternativo de Renta fija (MARF) es una herramienta esencial. Tres años después de su creación, todavía es necesario un periodo de maduración. “Es principalmente una plataforma de emisión, cuando debería ser además un mercado secundario”, aclara Javier Ferrer, el director tipos de interés de Ahorro Corporación. “Es un mercado en el que el único temor que he visto es el de la falta de liquidez. Cuando compras un producto, te lo tienes que quedar en cartera”, añade.

Julio Alcántara afirma que los inversores no quieren desprenderse de esos activos que reportan unas rentabilidades más elevadas que las se encuentran en los países de nuestro entorno. “En las primeras colocaciones que realizamos, los inversores que preguntan cómo salir de aquí, pero ahora es al revés.Te aseguran que no quieren salirse de ese papel”, defiende Javier García-Palencia, jefe de mercado de capitales en Alantra. “El 80% del papel que colocamos es entre aseguradoras, y son firmas que quieren quedarse. Están comprando duración”, subraya.

En los tres años que lleva en funcionamiento el MARF, se han financiado 3.000 millones de euros, una cifra que se dobla año a año. El éxito para Alcántara es que no se ha producido ningún impago (default, en la jerga). Justo al contrario de lo que sucede en Alemania, mercado que ha tenido que refundarse.

El filtro del MARF, unida a la labor de intermediarios como Alantra y Beka Finance, garantizan este resultado. “Nos llegan empresas que quieren salir al mercado pero tras un estudio vemos que no tienen el perfil crediticio, ni la estructura requerida. Ante esta situación, les ayudamos con otro tipo de productos. Colocar compañías que no tienen sentido es algo que va en nuestra contra”, garantiza García-Palencia.

A medida que se desarrolle este mercado, crezca la actividad y el volumen se podrán superar las limitaciones de liquidez actuales. Los inversores que entran en el MARF, no obstante, son muy diferentes a los que entran en high yield. Mientras los que se decantan por la segunda opción compran papel el día de la emisión en base a un crédito, un sector y un cupón, el que entra en el MARF lo hace en base a fundamentales. Son inversores a los que se les ha explicado la operación, se han sentado con los directivos de la empresa y se interesan en el negocio.

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